25 de enero de 2016
Hijo de Saul (Lászlo Nemes)
La muy manida historia del Holocausto cuenta con un nuevo film. Cuando hemos visto todo tipo de descripción: películas en blanco y negro, comedias, documentales de larga duración (El último de los injustos) y películas de distintas nacionalidad, resulta difícil ser original y no caer en los clichés de siempre.
En El Hijo de Saul los campos de concentración son presentados como verdaderas fábricas de matar, donde los Sonderkommando son la mano de obra esclava que ayudan a liquidar a los no deseados. Limpian y esparcen las cenizas en un verdadero trabajo en cadena. Saben ellos que serán los siguientes en morir y de ahí que la rebelión cada vez está más cerca. Entre todas las víctimas aparece el misterioso hijo de Saul, protagonista del film, que se convierte en el personaje trasversal que construye la historia, y donde la frase: “quién salva a un hombre salva a toda la humanidad” toma todo su significado, pero también el hecho de traicionar a los vivos, para salvar a un muerto, se plantea.
László Nemes, discípulo de Bela Tarr, va más allá y decide plasmar la barbarie nazi desde un punto de vista tan subjetivo como agobiante. La cámara deja de ser un simple medio para reproducir la matanza y se convierte en la sombra del protagonista. Nunca dejará al protagonista solo. Muchas veces la realidad se intuye más que se ve, es borrosa y silenciosa. Grandes planos secuencias que se rompen cuando el ambiente es claustrofobico. No hay música que dramatice la historia ni en los momentos álgidos que suavice tal dolor, sólo el ruido de puertas de falsas duchas que se cierran y el decrepitar de la cremación. La cámara se esconde con el protagonista cuando acecha de terror, ello no relaja para nada el momento, al contrario produce tal desazón que es imposible no emocionarse. La historia trascurre en dos días dentro de la “fábrica” y fuera en un bosque que tapa el horror.
Muchos critican la cara de apatía que Saul presenta ante tal atrocidades, pero como dice él “ya estamos muertos” y en consecuencia no hay nada que perder.
No es otra historia del Holocausto, es una obra maestra sin contemplaciones.
Nota 10
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